placer y virtud

PERO CUANDO DECIMOS QUE EL PLACER es nuestro fin, no aludimos a los placeres de los depravados y de los que se abandonan en el deleite –como consideran algunos que nos desconocen o no están de acuerdo con nosotros o nos comprenden mal–, aludimos a no sentir dolor en el cuerpo ni sufrir inquietud en el alma, pues ni los banquetes, ni las fiestas orgiásticas celebradas sin descanso, ni el gozar de los jóvenes o las mujeres, ni disfrutar de los pescados o de las otras viandas que ofrece una suculenta mesa ocasionan una vida placentera, sino que la origina la sobria mesura que tanto investiga las causas de cada elección y rechazo cuanto destierra de nosotros las ilusiones que generan una enorme confusión para el alma.

La prudencia es el principio de todas estas cosas y el mayor bien. De ahí que sea más valiosa aun que la filosofía ya que de ella se generan las demás virtudes, porque nos enseña que no existe una vida feliz sin juicio, sin bondad y sin justicia, ni una vida juiciosa, buena y justa sin felicidad. Pues las virtudes nacen de una vida dichosa y el vivir con dicha es inseparable de ellas.

 

EPICURO: “Máximas para una VIDA FELIZ” (Ed. Temas de Hoy)

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Published in: on 11 junio, 2011 at 7:31 am  Dejar un comentario  

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