creer en Dios

PERO ENTONCES MIRÉ HACIA MÍ MISMO y hacia lo que acontecía en mi interior, y recordé las agonías y renacimientos vividos cientos de veces. Recordé que sólo vivía en los momentos en que creía en Dios. Ahora, exactamente igual que antes, me decía: para que yo viva me basta con saber que Él existe; me bastaría olvidarlo, dejar de creer en Él para morir. ¿Qué son esos renacimientos y esas agonías? Está claro que no vivo cuando pierdo la fe en Su existencia; y que me habría matado hace mucho tiempo si no tuviera la vaga esperanza de encontrarle. Sólo vivo verdaderamente cuando le siento y le busco. «Entonces, ¿qué sigo buscando todavía?», gritaba una voz dentro de mí. A Él, a Aquel sin el cual es imposible vivir. Conocer a Dios y vivir son la misma cosa: Él es la vida.

«Vive buscando a Dios y ya no habrá vida sin Él». Y con más fuerza que nunca una luz brilló dentro de mí, y esa luz no me ha abandonado desde entonces.

Y de ese modo me salvé del suicidio. Sería incapaz de decir cuándo y cómo se produjo esa transformación en mí. De la misma manera gradual e imperceptible que la fuerza de la vida se había ido destruyendo en mí, conduciéndome a la imposibilidad de vivir, a la necesidad del suicidio, recuperé la fuerza de la vida. Y lo extraño es que la fuerza de la vida que volvía a mí no era nueva, sino la más antigua; era la misma fuerza que me había guiado al principio de mi existencia. En esencia volví a las cosas que habían formado parte de mi infancia y de mi juventud. Volví a la fe en aquella voluntad que me había engendrado y que quería algo de mí; volví a la idea de que el principal y único objetivo de mi vida era ser mejor, es decir, vivir conforme a esa voluntad. Volví a la convicción de que podía encontrar la expresión de esa voluntad en lo que la humanidad había elaborado hacía mucho tiempo para su propia guía. En otras palabras, volví a la fe en Dios, en el perfeccionamiento moral, y a aquella tradición que le había dado un sentido a la existencia. La única diferencia era que antes había aceptado todo eso inconscientemente, mientras que ahora sabía que no podía vivir sin ello.

 

LEV TOLSTÓI: “Confesión” (Ed. Acantilado)

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Published in: on 7 junio, 2011 at 3:00 pm  Dejar un comentario  

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